“Quiero poder maternar y trabajar y no morir en el intento”

Testimonios
Mariángeles, mejor conocida como Mamá Pulpo, tiene una meta: garantizarle a su hija sus 4 comidas diarias. Para ello, emprende, changuea, la rema, en medio de una crisis económica que, todos los días, arroja a madres e infancias a la extrema pobreza y profundiza las condiciones de vida de un sector históricamente vulnerable, las mamás que crían solas. Esta es su historia.

Martes, 4 am. Mariágeles se despierta sobresaltada, le duele el pecho. Algo le aprisiona el esternón, ¿será la mano de “A” (su hija), el gato o el perro, durmiendo sobre su pecho? Observa por el entrecejo, no hay nadie más en la habitación. Le sudan las manos, los pies, cada recoveco de la piel, ¿tendrá fiebre? Busca en la oscuridad el origen de la sensación de ahogo y sofoco, pero no encuentra nada que la origine. Se sienta sobre la cama, en silencio y mira por la ventana, aún no amanece, la ciudad aún está dormida. Vuelve a apoyar la cabeza en la almohada y trata de volver a dormir un ratito más, antes de que suene la alarma a las 6 am pero no puede; la sensación de asfixia aparece de nuevo y es insoportable.

Abre los ojos, se refriega la cara, busca consuelo entre las sábanas vacías, la panza duele del hambre, ayer no comió, no había suficiente para dos. La angustia la está consumiendo, ya no tiene dinero para afrontar los gastos corrientes, no le quedan ahorros y en la desesperación piensa que, si no puede comerse las paredes, para qué las quiere. “Voy a vender mi único bien, mi techo, mi refugio, mi departamento”, se dice a sí misma. 

Mariángeles está despierta pero vive dentro de una pesadilla. 

Categórica afirma, sin vueltas, que ser una mamá monomarental es una tarea monumental, llena de sacrificios diarios que se vivencian como la falta concreta de oportunidades: una vida limitada donde no hay posibilidad de elección ni de libertad porque solo hay espacio para el deber ser. “Ellos pueden elegir cuándo, cuánto, cómo, dónde y con qué recursos criar o no criar, nosotras no tenemos habilitada esa opción, tenemos que siempre poder, sostener y ser responsables principales de todo. Vivimos en función de las necesidades de cuidado de otra persona y su crianza, sin tiempo para nosotras”, sostiene. 

Maríangeles tiene 34 años, es gestora cultural y curadora independiente, hoy se define como emprendedora por la fuerza. Nació en Mendoza pero se mudó a Buenos Aires hace varios años para acompañar el desarrollo profesional de su pareja, estudió la carrera de Curaduría en Artes Visuales, que nunca pudo terminar; se casó, tuvo a “A”., hoy de 8 años, se divorció y hoy cría sola. Recuerda que antes de hacer empanadas o vender rifas para zafar el día a día solía pintar y soñaba con trabajar en un museo, rodeada de arte. De todo eso, hoy solo le quedan los retazos del arte callejero que adornan las calles o las paredes de los subtes de Buenos Aires por los que deambula, diariamente, entre 5 o 6 veces por día, en búsqueda de trabajo.  

Su prioridad hoy es que  “A”  pueda comer sus 4 comidas diarias, hace más de 5 meses que busca trabajo sin resultados positivos, las expectativas no son muy auspiciosas, dice, ninguna oferta supera los 300 mil pesos y encima, hay que pagar el monotributo.  Los espacios laborales, con sus rutinas, horarios y demandas, no están preparados para mamás que crían solas. 

Mamá Pulpo @mamapulpo.ar, como la conocen en las redes, dialogó con MA sobre los desafíos que enfrentan, diariamente, las mujeres que crían solas. 

Monomarentales Argentina (en adelante, M.A.): ¿elegiste criar sola?

Mamá Pulpo (en adelante, M.P.): No, no lo elegí. Ellos (por los padres) pueden elegir hasta qué punto involucrarse en la crianza de sus hijos, nosotras no. Por eso creo que, al final, el criar termina siendo una cuestión de género. Que ellos tengan esta posibilidad ya es sumamente violento así como es violento que tengamos que accionar judicialmente para exigirles ser parte de la crianza de sus propios hijos. Detrás de cada actividad del día siempre hay un pensamiento de puedo, llego, es posible… Es muy agotador.

MA: Desde MA sostenemos que criar en soledad es una condición de vulnerabilidad social y que es producto de las desigualdades de género, ¿crees que las familias monomarentales tienen un origen violento?

M.P: Que los varones tengan la posibilidad y el privilegio de poder elegir cuándo, cómo, cuánto criar es violento. Cuándo pensamos en ser madres, creo que ninguna pensó en atravesar por esta situación y sí, creo que no es nuestra decisión. Tener que obligar a los progenitores a ser parte de la crianza es violento para nosotras. Ellos pueden elegir involucrarse, no participar de la crianza, nosotras no, al final, es un privilegio de género. Por eso creo que, si bien no les sucede a todas, la gran mayoría de las mujeres termina criando sola. 

MA: ¿En qué momento de la relación te diste cuenta de que había violencia de género?

M.P: En mi caso, fue antes de ser mamá y aunque siempre me supe feminista, la maternidad fue un quiebre, donde vi que yo debía tener una disponibilidad absoluta para el cuidado aún conviviendo con el progenitor. El podía decidir si dormía la siesta, se bañaba, comía, trabajaba, salía, tenía tiempo de ocio, en cambio, yo no. Y con la separación, eso se incrementa. No creo conocer familia monomarental que no haya tenido conflicto legal por cuota alimentaria, cuidados o régimen de comunicación. Por eso, creo que hay un momento donde las familias monomarentales nos cuestionamos si iniciar o no la vía judicial, todas pasamos por el momento de pensar si las batallas legales valen la pena, principalmente, por el costo económico, psicológico y emocional del litigio.

MA: Sabemos que a las mujeres nos cuesta hablar de dinero y más cuando se trata de cuota alimentaria porque aún pesan sobre nosotras estereotipos estigmatizantes. Pero desde MA venimos trabajando en visibilizar el monto real de las cuotas, en tu caso, ¿cuánto cobras?

M.P: En mi caso, yo recibo en función de la crianza de mi hija sólo el 30% de sus ingresos, de sus haberes totales declarados, lo que está “en blanco” digamos pero en realidad, como es monotributista, sus ingresos fluctúan de acuerdo a lo que haga y facture por mes. Yo creo que sí tuvo que venir un juez/a a obligarlo a pagar una cuota alimentaria ya sabes, de antemano, que él tipo va a hacer lo que pueda para evadir esa obligación, para pagar de menos o para directamente, no pagar ya que es una persona que, no lo hace por interés o voluntad, está deliberadamente eligiendo no participar de la vida de su hijo/a. Ellos piensan que no joden a nosotras, en realidad, a los único/as que perjudican es a sus propios hijos/as. 

M.A: ¿crees que el dinero se vuelve una forma de control? 

M.A: Sí, son migajas, dádivas que el progenitor te da y la justicia avala y así te lo hacen sentir. Yo antes de ser mamá y de separarme tenía un auto, 3 trabajos y estudiaba, hasta me alcanzaba para viajar a BSAS. Con mis emprendimientos y trabajos temporales, en un momento yo ganaba más que él y cuando nació la nena y le pedí que pasara más tiempo con ella así yo podía trabajar me miró como si le estuviese quitando una parte del alma, coartando su libertad, matando sus sueños y ahí me dije, ¡qué macana! Ni siquiera está viendo que mis emprendimientos están funcionando y que lo hago por el bien de la familia. 

Hay momentos en lo que me pongo a pensar qué voy a hacer hasta que mi hija cumpla 18 años y me angustio mucho, porque criar así es vivir limitada todo el tiempo, es no poder acceder a un trabajo de calidad, es no tener una vida propia, es estar en función de un otro, todo el tiempo y completamente sola. 

M.A. Y hoy, ¿qué es lo que estás pudiendo hacer?

M.A: Poco y nada. Por eso surgió Mamá Pulpo, mi página de Instagram, una especie de multi emprendimiento digital, fue una forma que encontré de hacer algo para generar ingresos en mi hogar. A diferencia del modelo del emprendedor que nos vende este gobierno, las mamás emprendemos por falta de oportunidades, encima, de una forma muy particular, porque si fallas todo se derrumba. 

M.A: ¿Y porque elegiste el nombre de Mamá Pulpo?

M.P: Mi hija quiere ser bióloga marina y con ella aprendí que las mamás pulpos reproducen una sola vez en la vida y que para proteger a sus hijos de depredadores, ponen los huevos en una cueva y como las cuevas no tienen oxígeno, ellas aportan el oxígeno necesario, bombeando con su propio cuerpo, hacen circular el aire, pasan días sin comer, sin descansar, oxigenando a sus huevos y protegiendolos a costa de su propia vida. Muchas mueren en el proceso, es decir, la madre se termina sacrificando para que sus hijos puedan tener una oportunidad. No es porque hago mil cosas como si fuera un pulpo, sino porque siento que, en estas condiciones y circunstancias, la maternidad es sacrificio, literal no metafórico, te desdibuja como persona, como ser humano, existis por y para el rol de crianza. Para mí, laboralmente todo fracasó pero ser madre es lo que mejor me sale, lástima que no paguen por eso.

M.A: ¿Contás con red de cuidado o apoyo para sostener la crianza de “A”?

M.P: La verdad, solo algunas amigas. Hay una realidad, los deudores delegan por la fuerza en la familia materna, se descansan de la ayuda que recibimos de la red para evadir sus obligaciones. Piensan que, como una tiene a otras mujeres alrededor serán éstas quienes lo suplan en su rol de crianza. Por eso siempre niegan que estemos solas… bueno, yo digo que ni mi familia ni mis amigas tuvieron la intención de procrear conmigo y traer a “A” al mundo, por lo tanto, no son ellas responsables. Igual, veo que es algo estructural y que está re naturalizado socialmente, que se repite en todas las historias, por eso creo que es una de las tantas tramas de complicidad con los deudores. Infelizmente, la sociedad, la justicia, el estado da por supuesto que mamá se va a encargar y que va a poder, que alguien va a cuidar ante el abandono paterno y ese “alguien” siempre somos las mamás, históricamente fue así.

Además, no todas las mujeres tienen esa red, muchas están completamente solas y no todas hablan con su familia. En mi caso, yo hoy no tengo vínculos con ellos porque, según palabras de mi madre, fracasé como mujer y como mamá porque no le pude dar a mi hija una familia tradicional y porque no la puedo mantener. 

M.A: ¿Sentís culpa?

M.P: Algunas veces, al ver lo poco que tengo, me da culpa comer. Priorizo la alimentación de mi hija, más de una vez he pasado hambre o me he ido a dormir con la panza vacía. 

M.A: ¿Y cómo afrontas el día a día?

M.P: Con rifas, trueques, limpio casas, paseo perros, hago mandados, lo que sea, lo que salga. El mes pasado comí gracias a una rifa, esta semana mi hija comió fruta porque un vecino me trajo unas bananas. Mientras tanto, vendo empanadas por encargo y ahorro en todo, en lo que se puede. De todos modos, ya me comí los pocos ahorros que tenía, ya no tengo de dónde sacar. Estoy pensando en vender cosas de mi casa, algunos cuadros que tengo, una flauta traversa, es decir, lo que sienta imprescindible y que puede hacer dinero rápido. Es todo un mientras tanto… Yo solo quisiera poder maternar y trabajar y no morir en el intento. 

La historia de Mariángeles es la de muchas, al menos 7 de cada 10 mujeres en provincia de Buenos Aires crían y cuidan en estas condiciones: empobrecidas, endeudadas, violentadas, estigmatizadas, olvidadas. Sus sueños y anhelos así como sus penas y angustias, dan cuenta de una sociedad que, en gran parte, aún no puede desandar las trampas de la complicidad machista y que empuja a las mujeres madres a un futuro poco esperanzador. 

Consciente de que la salida es colectiva, desde MA! te invitamos a sumar tu historia de monomarentalidad a este muro polifónico, mezcla de catarsis, palabra empática y grito colectivo para visibilizar nuestra problemática. Escribinos a monomarentalesarg@gmail.com, asunto: Historias MA.

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